¿Cómo te va en la feria?

Por Karina Suárez

Café con mi amigo imaginario” IX

Cuando opinamos debemos recordar un viejo dicho: “Cada quien habla según le va en la feria”. Pero uno si no te gusta, siempre se puede cambiar de feria.

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¿Cómo te va en la feria?

En un mundo que no defiende a capa y espada la libertad de expresión, se corren enormes riesgos cuando exponemos nuestra opinión. Cuando lo hacemos debemos enfrentarnos a una gran diversidad – de criterios, acervos culturales, personalidades, temperamentos y enfoques. Si a todo lo anterior sumamos el impacto emocional que nos puede causar el miedo a no tener la razón, nos encontramos dentro de un circuito a punto de hacer corto.

Uno de los detonadores de estos cortos circuitos es el pánico a estar equivocados. A veces sucede que en la búsqueda de tener siempre la razón al dar y recibir opiniones, algunas personas se ven sumidas en un terror que disfrazan de poder – a veces prepotencia o soberbia. Esta situación las lleva a una posición existencial que Erick Berne denominaba: “Yo bien-Tú mal“.

¿Por qué nos asusta tanto no tener la razón? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo escuchar los puntos de vista de los demás? Desde un punto de vista psicológico, una de las razones es nuestra renuencia a movernos de lugar, metafóricamente hablando. Cuando emito “Mi opinión”, mi posición es segura porque es conocida porque es aprendida y porque me permite recargarme en algo. Aunque esté regida por el miedo o la incertidumbre, ésta postura me da un grado de estabilidad. Me otorga un punto de apoyo.

Todos necesitamos de la estabilidad emocional y psicológica para no enloquecer, sin embargo, no estaría mal movernos un poco de vez en cuando. Hacerlo no implica que no podamos rectificar luego. Total, siempre tenemos la opción de regresar.

Durante un taller al que asistí, presencié un ejercicio donde el maestro pidió a una participante que cerrara los ojos. La llevó de la mano hasta una esquina del cuarto y le pidió que tratara de empujar lo que tenía enfrente. “Mueve lo que hay frente a ti”. Era la pared. “Hazlo con todas tus fuerzas”, le gritó. Al intentarlo, notamos como el rostro de la joven enrojecía y que el esfuerzo que hacía era tal que pegó un grito de desesperación: “Es imposible. No puedo”.

El instructor le dijo que palpara lo que hubiera frente a ella y le preguntó: “¿Cómo te sientes ahí, metida en esa pequeña esquina?”. “Terrible”, contestó la mujer. “Me siento ahogada, asfixiada. Estoy cansada”.

El maestro se acercó y le dijo que girara. Aún con los ojos cerrados, ella lo hizo. “Ahora intenta empujar todo lo que tienes adelante”. Sin ningún obstáculo frente a ella, su propia fuerza casi la lanza hacia el piso. De inmediato recuperó su centro y pudimos ver como su rostro se relajaba. Suspiró de tal manera que pareciera ser que, aún sin poder ver, hubiera visto el paraíso.

“Abre los ojos y dime qué es lo que ves”, le ordenó el instructor. “Veo muchas cosas, siento muchas cosas. Puedo respirar libremente y aunque casi me caigo, logré mantener mi equilibrio sin problema”.

Te comparto esta historia porque pienso que a veces es necesario girar para liberarnos. Movernos para ver el panorama que hay más allá de lo que tenemos enfrente. Más allá de la estorbosa pared inamovible, puede estar una opción que desconocemos. Lo único que debemos hacer es girar y cambiar nuestra perspectiva.

Pero ese pequeño cambio, ese ligero movimiento, es una de las cosas que más asusta a la gente. Es algo que veo a diario con mis consultantes: Aunque la asfixia se apodera de las personas, me encuentro con que la mayoría prefiere insistir en empujar la pared para intentar que se mueva que girar un poco para poder respirar.

A veces mi posición es cómoda simplemente porque es mía. Pero eso no implica que sea correcta, adecuada o segura. De vez en cuando nos hace bien cambiar de lugar. Si no me gusta cómo me está yendo en la feria en la que estoy, siempre puedo cambiar de feria. O de opinión, pareja, trabajo, amigos.

Quizá sea lo mejor.

Nos leemos pronto,

Karina.

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Lee más de Karina Suárez en:

¿Qué no ves cuando te miras en el espejo?

La voz interior.

 

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Categorías: Café con mi amigo imaginario, Cambio, Karina Suárez, Psicología, Retórica de lo Trivial | Etiquetas: , , , , | 1 comentario

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